Día Internacional de la Conservación de los Suelos: ¿Por qué lo conmemoramos?

Cuando pensamos en la biodiversidad de Chile, solemos pensar en los majestuosos bosques de araucarias, las cumbres andinas o la inmensidad del océano Pacífico. Sin embargo, bajo nuestros pies existe un universo igual de complejo y vital que sostener, pero que a menudo pasa desapercibido: los suelos.

Conservación de los suelos: El legado de Hugh Hammond Bennett

Cada 7 de julio, el mundo se une para conmemorar el Día Internacional de la Conservación de los Suelos. Esta fecha no fue elegida al azar. Se instituyó en 1963 en honor al científico estadounidense Hugh Hammond Bennett, considerado el “padre de la conservación del suelo”.

Bennett dedicó su vida a demostrar que el suelo no es un recurso infinito ni una simple capa de tierra inerte. Durante la década de 1930, fue testigo de la catástrofe del Dust Bowl en Estados Unidos, una serie de severas tormentas de polvo causadas por una sequía prolongada y, crucialmente, por prácticas agrícolas inadecuadas que erosionaron la tierra.

Su incansable labor de investigación y concienciación sentó las bases de la edafología moderna y la conservación agrícola. Bennett popularizó una máxima que hoy, en plena crisis climática, resuena con más fuerza que nunca:

“La tierra productiva es nuestra base; cuando se va, la planta se va, el animal se va y, finalmente, el hombre se va”.

¿Por qué nos deben importar los suelos?

Para la comunidad científica y tecnológica, el suelo es un sistema vivo y dinámico. No es solo “tierra”; es un reactor biogeoquímico y el soporte de la vida tal como la conocemos.

Seguridad alimentaria y nutrición

El suelo es el punto de partida de nuestra alimentación. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se estima que el 95% de los alimentos que consumimos se producen directa o indirectamente en los suelos. Un suelo degradado pierde sus nutrientes, lo que se traduce directamente en cultivos menos nutritivos y cosechas más escasas.

Aliado crucial contra el cambio climático

Los suelos juegan un rol determinante en la regulación del clima global. Son el segundo mayor sumidero de carbono del planeta, después de los océanos. La FAO señala que los suelos saludables contienen aproximadamente el triple de carbono que la atmósfera terrestre. Al proteger los suelos y evitar su erosión, impedimos que ese carbono se libere en forma de dióxido de carbono, ayudando a mitigar el calentamiento global.

Biodiversidad desconocida

El suelo alberga una cuarta parte de la biodiversidad total del planeta. De acuerdo con el informe global State of Knowledge of Soil Biodiversity de la FAO y la Global Soil Partnership (2020), una sola cucharadita de suelo saludable puede contener más organismos vivos que personas en la Tierra. Esta microbiota es la responsable de reciclar los nutrientes y hacer que la tierra sea fértil.

Regulación hídrica y prevención de catástrofes

Los suelos ricos en materia orgánica actúan como esponjas naturales. Tienen la capacidad de retener agua, lo que purifica el recurso hídrico, recarga los acuíferos subterráneos y reduce el riesgo de inundaciones y remociones durante eventos climáticos extremos.

Los suelos chilenos

En Chile, la situación es alarmante. Factores como la megasequía, el cambio de uso del suelo, los incendios forestales y las prácticas agrícolas intensivas o inadecuadas aceleran la desertificación, especialmente desde la región de Coquimbo hasta la zona central.

De acuerdo con el Estudio de Erosión de los Suelos de Chile realizado por el CIREN, las cifras evidencian una urgencia nacional:

  • Cerca del 49% del territorio nacional continental (36,8 millones de hectáreas) presenta algún grado de erosión. 
  • Se estima que alrededor de 18,1 millones de hectáreas de ese 49% se encuentran en un estado de degradación severa o muy severa, lo que inhabilita estos suelos para la agricultura tradicional y destruye los ecosistemas locales.
  • La gravedad del problema se concentra con fuerza en las regiones del norte y centro del país. En regiones como Coquimbo, Valparaíso y la Región Metropolitana, el porcentaje de suelos afectados por la erosión supera el 60%.

En Bionostra impulsamos la investigación científica y el desarrollo tecnológico para entender mejor los microbiomas del suelo chileno y promover soluciones biotecnológicas que devuelvan la vida a los terrenos degradados.

La conservación del suelo no es solo tarea para agricultores o científicos, es un deber ciudadano, que debiese ser respaldado con políticas de Estado necesarias para garantizar la supervivencia de las futuras generaciones.

Referencias

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