El Día de la Tierra, celebrado cada 22 de abril, tiene su origen en 1970, cuando el senador Gaylord Nelson movilizó a millones de personas en Estados Unidos para protestar contra el deterioro ambiental. Este hito marcó el nacimiento del movimiento ecologista moderno, logrando que la protección de la naturaleza pasara de ser una preocupación aislada a una prioridad en la agenda política internacional, derivando en leyes cruciales para abordar la contaminación.
A lo largo de los años, la humanidad ha desarrollado diversas herramientas, metodologías y soluciones frente a los impactos que provoca la humanidad y el cambio climático.
¿Qué ha hecho la ciencia para proteger a la Tierra?
Los avances científicos en materia de mitigación y adaptación al cambio climático son múltiples. Por ejemplo, proyectos de innovación en energías renovables, la misma modelación climática, que hoy se ve potenciada gracias a la implementación de inteligencia artificial. También, en la agricultura destacan el diseño y producción de biofertilizantes y biopesticidas, entre muchos otros.
En particular, uno de los más disruptivos ha sido el perfeccionamiento de la edición genética aplicada a la agricultura. Mediante herramientas como CRISPR, la ciencia está desarrollando cultivos que requieren menos agua y son resistentes a plagas sin necesidad de pesticidas químicos agresivos. Además, se trabaja en variedades de plantas capaces de capturar y almacenar mayores cantidades de carbono en sus raíces, convirtiendo los campos de cultivo en sumideros de gases de efecto invernadero altamente eficientes.
Otros métodos, como la selección y propagación de ecotipos de especies vegetales pueden ayudar a disponer de individuos más tolerantes al estrés hídrico y térmico, así como la rápida producción de biomasa en entornos áridos.
Otras líneas de trabajo consideran la inoculación de cultivos o la adición de microorganismos beneficiosos en el sustrato, que generen sinergias que ayuden al desarrollo de las plantas. Para ello, es necesario comprender el rol ecológico de diferentes microorganismos en entornos subletales para plantas.
Estas últimas dos líneas de investigación son parte esencial del trabajo que desarrollamos en Bionostra.
¿Cómo aportamos en Bionostra?
Fundación Bionostra a lo largo de su trayectoria ha llevado a cabo diferentes tipos de proyecto, todos enfocados en el trabajo con especies vegetales y microorganismos. En particular, la investigación en métodos de propagación masiva para especies recalcitrantes de zonas hiperáridas de nuestro país ha sido uno de los pilares de nuestro trabajo.
El proyecto “Consideraciones genéticas para la propagación de Atriplex taltalensis y su aclimatación en condiciones salinas” es un ejemplo de esto. Atriplex taltalensis es una especie endémica del norte del país, que se encuentra en estado vulnerable de conservación. El objetivo del proyecto era desarrollar un método de propagación masiva para esta especie, y esto se logró mediante cultivo in vitro de tejidos; aportando de ese modo al conocimiento y a los esfuerzos de conservación ex situ de la especie.
Otro proyecto en esta misma línea es el que actualmente estamos llevando a cabo con la especie Aloysia deserticola, localmente popularizada como rica-rica: “Evaluación del potencial de Aloysia deserticola propagada in vitro para la producción de aceites esenciales bajo estrés hídrico”.
La rica-rica es conocida y utilizada por sus propiedades medicinales, pero también por su sabor y aroma (consecuencia de la producción de aceites esenciales), lo que la hace popular en la gastronomía de las regiones de Antofagasta y Atacama. Debido a estos usos, ha presentado una disminución en su población, por lo que propagarla con sus características y capacidades de adaptación significaría conservar no sólo una especie nativa, sino también tradiciones y costumbres asociadas a ella. En consecuencia, nuestro proyecto aporta como una primera aproximación para analizar la viabilidad del cultivo de la especie y aportar a reducir su presión por extracción en ambientes naturales
Por otro lado, recientemente cerramos nuestro primer proyecto intramuros como Centro CORFO: “Potencial de especies xerofíticas para la captura y almacenamiento de carbono”, en el que uno de los principales hallazgos fue que el norte de Chile tiene el potencial para capturar carbono, a pesar de que esta zona geográfica sea considerada como tierra sin cubierta vegetacional, y por tanto sin potencial de captura de carbono según organismos internacionales.
Esto quiere decir que la vegetación presente en zonas áridas, como el Desierto de Atacama, tienen la capacidad de almacenar y capturar dióxido de carbono, lo que aporta en los objetivos de mitigación del cambio climático.
Así, en Bionostra trabajamos día a día en estos y otros proyectos, que buscan ser pequeños pasos en el avance de nuestro país hacia un futuro más sostenible y resiliente.
Históricamente, los humanos hemos depredado la naturaleza en nombre de la ciencia y el avance tecnológico. Sin embargo, ciencia y naturaleza pueden coexistir, siempre que la primera opere al servicio de la segunda.