Hoy, 5 de junio, el planeta conmemora una vez más el Día Mundial del Medio Ambiente. Sin embargo, este año el llamado no es a la reflexión pasiva ni a la mera comprensión teórica de la crisis. Bajo el lema “Por el Clima Ya”, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) vuelve a afirmar que la emergencia planetaria ya está aquí, considerando que el umbral crítico de aumento de temperatura de 1.5°C está peligrosamente cerca, y entender el problema ya no es suficiente.
Desde Bionostra, nos sumamos a esta urgencia. Como institución dedicada a la investigación y la ciencia, entendemos que la información guardada en un disco duro no salva ecosistemas, sino que es la transferencia de ese conocimiento hacia los Estados, las empresas y la ciudadanía lo que genera transformaciones reales, lo que motiva nuestra producción de artículos, participación en congresos y aportes permanentes de información por nuestras redes.
El origen de una alerta global: Historia del Día del Medio Ambiente
El Día Mundial del Medio Ambiente fue establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1972, durante la histórica Conferencia de Estocolmo sobre el Medio Humano. Fue la primera gran cumbre mundial que puso la degradación ecológica en la agenda diplomática internacional.
La primera celebración oficial se llevó a cabo el 5 de junio de 1973 bajo el lema “Una Sola Tierra”. Lo que comenzó hace más de cinco décadas como una plataforma para visibilizar la contaminación y la pérdida de biodiversidad, se ha convertido hoy en el mayor movimiento ambiental, liderado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
En este 2026, con la República de Azerbaiyán como anfitrión global, el foco se traslada por completo a la crisis climática irreversible si no se toman medidas drásticas ahora.
La causa del cambio climático somos nosotros
A menudo nos enfrentamos a errores conceptuales y desinformación, pero la ciencia es categórica: el cambio climático actual tiene una causa antropogénica, es decir, es provocado por la actividad humana. El consenso científico supera el 99% y se respalda en evidencias físicas innegables analizadas por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC):
- El registro de CO2: Los análisis de burbujas de aire atrapadas en núcleos de hielo antiguo demuestran que las concentraciones actuales de dióxido de carbono en la atmósfera superan las 420 partes por millón (ppm), un nivel sin precedentes en los últimos 800 mil años, previo incluso a la existencia del humano moderno. El aumento exponencial coincide con el inicio de la Revolución Industrial y la quema masiva de combustibles fósiles, además de otros eventos como la deforestación y cambio de uso de suelos.
- Isótopos de carbono: El carbono proveniente de la quema de combustibles fósiles tiene una firma química distinta (isótopo Carbono-12) al carbono de fuentes naturales. Las mediciones muestran que el aumento de CO2 en la atmósfera corresponde precisamente al tipo de carbono derivado de la actividad industrial humana.
- El balance energético del planeta: Los satélites miden constantemente la energía solar que entra a la Tierra y la radiación infrarroja (calor) que sale. Los datos muestran que cada vez sale menos calor al espacio exterior debido a la densa capa de gases de efecto invernadero (GEI), atrapando la energía en el sistema terrestre, calentando los océanos y la atmósfera.
Evidencias locales: Las señales de la Tierra en Chile no son abstractas. La megasequía que golpea nuestra zona central y el retroceso acelerado de los glaciares andinos son pruebas vivas del impacto de este desbalance.
Del laboratorio al territorio: ¿Cómo actuamos desde la comunidad científica?
En Bionostra creemos firmemente que el rol de los científicos ha cambiado. Ya no somos observadores del declive ambiental. Para responder al llamado “Por el Clima Ya”, la ciencia debe ser proactiva a través de tres pilares fundamentales:
- Ciencia ciudadana y de código abierto: Democratizar los datos. Debemos diseñar proyectos de investigación donde las comunidades locales participen, monitoreen y comprendan sus propios entornos locales.
- Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN): Dejar de enfocarnos solo en el diagnóstico del daño y liderar la investigación en biotecnología aplicada, restauración de suelos, protección de humedales y reforestación nativa para capturar carbono y devolver resiliencia a los ecosistemas.
- Incidencia en Políticas Públicas: Traducir la complejidad técnica en recomendaciones claras, digeribles y urgentes para los tomadores de decisiones. Los Estados y gobiernos necesitan evidencia científica local para robustecer sus planes de mitigación y adaptación climática.
Acciones ciudadanas directas por el Medio Ambiente
La escala del problema requiere cambios estructurales por parte de los Estados y las grandes industrias, pero la presión y la acción ciudadana son el motor que acelera esos cambios. Tu participación bajo la consigna #PorElClimaYa puede empezar hoy con estas acciones concretas:
Consumo Energético
Desenchufar aparatos en desuso y preferir iluminación LED y fuentes renovables. Esto reduce la demanda eléctrica de la red y las emisiones de GEI de centrales termoeléctricas.
Movilidad Sostenible
Priorizar el transporte público, la bicicleta o caminatas cortas frente al uso del automóvil. Esto disminuye drásticamente tu huella de carbono personal diaria.
Residuos y Economía Circular
Separar residuos orgánicos (compostaje) y reciclar plástico, vidrio, papel y cartón. Como también preferir productos reutilizables o pensados de manera circular desde su creación. Esto evita la saturación en rellenos sanitarios y limita la producción de metano, aportando en la disminución de la contaminación.
Acción y Participación Ciudadana
Exigir a las autoridades locales políticas verdes, apoyar proyectos socioambientales locales y organizarte con tu entorno. Esto traspasa la responsabilidad hacia las esferas de decisión política y estructural.
El cambio climático no va a esperar a que estemos de acuerdo. La Tierra ya está enviando sus señales a través de eventos climáticos extremos. La pregunta que nos plantea este Día Mundial del Medio Ambiente es directa: ¿Qué señal vamos a enviarle nosotros de vuelta?