Cuando pensamos en la lucha contra el cambio climático y la captura de carbono, solemos pensar en la selva amazónica o los densos bosques del sur. Sin embargo, en los paisajes más áridos del planeta, las protagonistas son las especies xerofíticas: plantas que han convertido la escasez de agua en una ventaja estratégica para el planeta.
¿Qué son las especies xerofíticas?
Las plantas xerofíticas son aquellas que han evolucionado para vivir en entornos con muy poca disponibilidad de agua, como el bioma de desierto en el norte de Chile. Para lograrlo, han desarrollado adaptaciones específicas: hojas pequeñas o espinas, tallos suculentos que almacenan agua y raíces profundas que buscan humedad donde otras plantas perecerían, incluso hojas modificadas como espinas para la captura de neblina costera.
Captura de carbono en el hiperaridez
Tradicionalmente, la comunidad científica internacional había subestimado la capacidad de las especies vegetales presentes en las zonas áridas para aportar en la mitigación del cambio climático. Se pensaba que, al haber poca densidad de vegetación, su aporte era marginal. No obstante, investigaciones recientes han comenzado a desmentir este mito.
Recientemente, en Bionostra finalizamos de forma exitosa nuestro primer proyecto intramuros como Centro COFO en esta línea de investigación: “Potencial de especies xerofíticas para la captura y almacenamiento de carbono” (PI-5983).
¿Qué descubrimos?
El norte de Chile, entre las regiones de Arica y Parinacota y de Atacama, tiene el potencial para capturar carbono, a pesar de que esta zona geográfica es considerada como tierra sin cubierta vegetacional según organismos internacionales, por lo que no son consideradas en los inventarios de gases de efecto invernadero a nivel país.
Además, arbustos y matorrales, deben ser considerados como una formación vegetacional per se, al analizar las formaciones xerofíticas, ya que no son formaciones degradadas de bosque bajo las condiciones áridas y semiáridas.
¿Por qué son importantes las especies xerofíticas?
Frente al cambio climático, estas especies vegetales encarnan la resiliencia. A diferencia de los bosques tropicales, que son vulnerables a las sequías prolongadas inducidas por el cambio climático, las especies xerofíticas ya están adaptadas y capturan dióxido de carbono en estas condiciones. En este contexto, las zonas áridas de nuestro país, por ejemplo, debiesen ser consideradas como sumideros de carbono.
Además, estas especies son sumideros subterráneos: almacenan gran parte del carbono bajo tierra. Esto es crucial porque el carbono en las raíces y el suelo es menos susceptible de ser liberado por incendios forestales, en comparación con los bosques de zonas más húmedas.
Por último, el uso de estas especies en proyectos de reforestación urbana y rural en zonas del Norte Grande permitiría crear “islas de enfriamiento” y recuperar suelos degradados, combatiendo la desertificación de forma eficiente, considerando su menor consumo hídrico. Incluso, se abre la oportunidad de forestar zonas urbanas y periurbanas con estas especies, utilizando agua de plantas de tratamiento para su mantenimiento, como una alternativa de captura de carbono adicional.
Vegetación xerofítica: aliada frente al cambio climático
El proyecto “Potencial de especies xerofíticas para la captura y almacenamiento de carbono” aporta datos críticos para que Chile y el mundo reconozcan a los matorrales y bosques xerofíticos como aliados estratégicos.
Las zonas áridas cubren aproximadamente el 41% de la superficie terrestre. Si protegemos y fomentamos su vegetación nativa, no solo estaremos preservando la biodiversidad única de estos paisajes, sino que estaremos potenciando una de las soluciones naturales más eficientes.
El desierto está trabajando silenciosamente para enfriar el planeta.