Día Mundial de los Humedales: ¿Qué pasa con los humedales en zonas áridas?

Los humedales son ecosistemas vitales para el equilibrio ecológico global. Aunque a menudo pensamos en ellos como áreas pantanosas o lagunas rodeadas de vegetación exuberante, también existen humedales en regiones áridas, como el Norte de Chile, donde su presencia y funciones resultan aún más críticas.

Importancia ecológica de los humedales

Los humedales aportan servicios ecosistémicos esenciales:

  • Regulan el agua, almacenando y liberando agua de forma gradual.
  • Filtran contaminantes, mejorando la calidad del agua.
  • Actúan como reservorios de carbono, ayudando a mitigar el cambio climático.
  • Mantienen la biodiversidad, alojando numerosas especies de flora, fauna y microorganismos.

Estas funciones los convierten en infraestructuras naturales que sostienen la vida humana y no humana.

Características de humedales en zonas áridas

Estos presentan rasgos particulares:

  • Las fuentes de agua pueden ser variadas: Su existencia está ligada a aguas subterráneas que emergen o infiltraciones, convirtiéndolos en indicadores sensibles del estado hídrico regional. También pueden ser parte de flujos de agua superficiales esporádicos por las escasas precipitaciones y/o deshielos.
  • Biodiversidad: Albergan especies adaptadas a condiciones extremas de salinidad, radiación y temperatura, muchas veces con altos niveles de endemismo.
  • Vegetación azonal: Estos humedales presentan vegetación cuyo desarrollo no está condicionado principalmente por el clima regional, sino por factores como el exceso de agua o la disponibilidad de nutrientes del suelo.
  • Conectores ecológicos: Actúan como “islas de vida” en medio del desierto, facilitando corredores biológicos que conectan diferentes ambientes, lo que favorece la migración y la permanencia de la fauna.

Desafíos ante el cambio climático

En zonas áridas, los efectos del cambio climático intensifican las presiones ambientales existentes:

  1. Escasez hídrica y menor recarga de acuíferos.

La disminución de precipitaciones y el aumento de temperaturas reducen la recarga natural de acuíferos que alimentan a estos humedales, amenazando su persistencia. También limitan la ocurrencia de precipitaciones, y aceleran o eliminan la existencia de deshielos.

  1. Vulnerabilidad frente a fenómenos extremos

Eventos extremos como sequías prolongadas o lluvias intensas pueden alterar drásticamente el balance hídrico de estos ecosistemas, provocando estrés en especies que ya viven al límite ambiental. En algunos casos, se pueden propiciar eventos erosivos, degradando los humedales. También se pueden desencadenar eventos de remociones en masa, sepultando la vegetación.

  1. Impactos antrópicos y competencia por el agua

Actividades humanas como la agricultura, explotación minera y uso urbano de recursos hídricos incrementan la competencia por el agua en un contexto ya limitado, afectando la disponibilidad para los humedales.

Estudio y protección de los humedales

Los humedales en regiones áridas como el Desierto de Atacama son sistemas ecológicos únicos, vitales tanto para la biodiversidad como para las comunidades humanas. Su función frente al cambio climático los convierte en elementos clave para cualquier estrategia de mitigación y también de adaptación climática. 

En Bionostra hemos estudiado los ecosistemas de zonas áridas desde diferentes aristas, y los humedales no se han quedado fuera. En la investigación de 2025 “Vegetation Cover Dynamics in Saline High-Altitude Wetlands of the Andes for Environmental Factors” estudiamos la estabilidad de la cobertura vegetal permanente a lo largo del tiempo y los cambios en la cobertura vegetal temporal y cómo ciertos factores ambientales influyen en ellos. Los resultados de esta investigación aportan a la gestión de estos ecosistemas y en su forma de entenderlos.

También hemos estudiado dinámicas al interior de humedales, como en el estudio “Study of Wetland Soils of the Salar de Atacama with Different Azonal Vegetative Formations Reveals Changes in the Microbiota Associated with Hygrophile Plant Type on the Soil Surface”, que identificó y caracterizó la microbiota del suelo asociada a diferentes formaciones vegetales azonales, y cómo la microbiota podría aportar a la adaptación de estas plantas a contextos hiperaridos.

Investigaciones de este tipo, en que se estudian humedales de forma específica, considerando sus particularidades, brindan información crucial para la gestión y conservación eficaz de los ecosistemas de humedales en diferentes entornos, asegurando la correcta protección de los mismos.

En nuestro país, actualmente, se encuentran protegidos dos tipos de humedales con legislaciones específicas: los humedales urbanos y las turberas; mientras que los humedales del altiplano en las regiones de Tarapacá y Antofagasta se encuentran indirectamente protegidos por el Código de Aguas, que prohíbe explotar y explorar recursos hídricos subterráneos.

Y si bien Chile ratificó la Convención Ramsar, sobre humedales de relevancia internacional, y en 2025 se llevó a cabo una postulación de humedales de la Región de Atacama para convertirse en sitios Ramsar, se debe pensar en una protección más amplia.

Existen diferentes tipos de humedales, con características particulares, y para poder protegerlos y hacer una correcta gestión e, incluso, restauración de ecosistemas húmedos dañados, primero debemos comprender su funcionamiento a cabalidad.

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